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Las grasas saturadas trans, veneno para el cuerpo

Les llaman grasas saturadas trans y son puro veneno para el cuerpo. Su consumo aumenta los niveles del colesterol malo, también conocido LDL (de “low-density lipoprotein). Niveles altos de colesterol malo están correlacionados con un aumento en la incidencia de enfermedades del corazón, una de las principales causas de muerte en Puerto Rico. Sólo en los Estados Unidos, con una población de 300 millones de habitantes, se estima que 12.5 millones sufren de enfermedades del corazón. De esas medio millón mueren anualmente. Desde el 1993 la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) requirió que todos los alimentos empacados incluyeran en su etiqueta el porciento de colesterol dietario y de grasas saturadas. Desde el año pasado se ha requerido que el porciento de grasas trans también sea indicado.

Las grasas saturadas trans son aceites a los que se les han añadido átomos de hidrógeno. De ahí que algunas etiquetas hagan referencia a “aceite hidrogenado” o “parcialmente hidrogenado (“partially hydrogenated oil”). Este proceso, llamado hidrogenación, aumenta el tiempo de almacenamiento de los productos y ayuda a preservar su sabor. También le puede costar la vida.

El culpable principal de los problemas cardiacos no son los aceites trans sino las grasas saturadas. Pero la combinación de éstas con los trans más el colesterol es una triada mortal. ¿Dónde podemos encontrar las grasas trans? Busqué en mi alacena y la mayoría de los alimentos decían cero grasas trans. Encontré uno que otro que sí tenían.

Según la FDA, estos son los alimentos que más trans contienen:

Galletas, pan, biscochos (pasteles), etc.: 40%

Productos animales (como salchichas, tocinetas, hot dogs, etc): 21%

Margarina: 17%

Papitas fritas: 8%

Papitas de bolsa y productos similares (incluyendo pop corn): 5%

Manteca de freír: 4%

Aderezo de ensaladas: 3%

Cereales de desayuno: 1%

Dulces (bombones): 1%

La fuente principal de estas grasas trans en nuestra dieta es de los alimentos que se consumen fuera de la casa, especialmente en los establecimientos de comida chatarra como Burger King, McDonald’s, Wendy’s, Kentucky Fried Chicken, Church’s Fried Chicken y todos los demás que se han convertido en parte de la cultura culinaria (o sea, incultura culinaria) de este país. Así que no sólo los puertorriqueños están sufriendo niveles epidémicos de obesidad sino que las calorías extras vienen acompañadas y agrandadas con sustancias que pueden acortar nuestras vidas significativamente.

¿Qué podemos hacer? Primero debemos conocer qué se considera una cantidad peligrosa de grasas trans. Desgraciadamente aún no se ha determinado cuál es el valor diario porcentual (el porciento que aparece en las etiquetas) para éstas. Por eso lo que se pone es el número de gramos por servicio de alimento. Por ley, cualquier alimento que contenga 0.5 gramos o más tiene que detallar el contenido. En cuanto a las grasas saturadas y el colesterol se considera que un valor de 5% es bajo y uno de 20% es alto. Para darles una idea de lo peligrosos que pueden ser los alimentos en los “Fast Foods” , un servicio regular de papitas fritas contiene un 35% de grasas saturadas, una barra típica de chocolate un 20% y una dona 23%.

Los aceites que debemos usar son los que contienen grasas monoinsaturadas (los mejores) o poliinsaturadas. Los primeros incluyen el aceite de oliva y canola. Son los más recomendados. Los poliinsaturados incluyen el aceite de maíz, girasol y soya. Si va a usar margarina se recomienda que use las suaves sobre las duras. Las primeras incluyen las líquidas, en tubos o aerosol. Evite las margarinas duras y la manteca.

Coma pescado frecuentemente. Éstos contienen menos grasas saturadas que las carnes. Algunos, como el salmón y la sardina contienen aceites llamados omega-3 que protegen contra las enfermedades cardiacas. . Evite las carnes fritas y el cuero de éstas, aún si es pollo.

Lo que podemos es hacer es comer menos en la calle. Volver al arte de la comida lenta. Cocinar nosotros mismos. Es lo que he estado haciendo últimamente para no dejarme arrastrar por esta ola insalubre de alimentos chatarra. La excusa es que supuestamente no tenemos tiempo. La negociación es sencilla: o sacamos el tiempo para nosotros mismos o nos lo restamos adelantando el día de nuestra muerte. Durante el día podemos llevar alimentos cocinados el día antes y así ahorrar una cantidad significativa de dinero. Las veces que me he visto obligado a buscar almuerzo he perdido demasiado tiempo en filas inhumanas. Cuando llevo almuerzo como a mis anchas, con calma, y me sobra tiempo para charlar con mis colegas.